En las entrevistas se recogen una serie de datos e informaciones, que ayudan al reclutador a detectar si un candidato cumple los requisitos del puesto. Son muchos los criterios que suelen usarse para evaluar a una persona; los reclutadores tendrán en cuenta el historial profesional y educativo, aptitudes profesionales, actitud entre otros.
Una gran parte de su atención estará puesta en la comunicación verbal y no verbal de los candidatos. Donde el lenguaje no verbal del candidato juega un papel importante, llegando incluso a ser decisivo en cuanto a la impresión que deja en el entrevistador.
No significa que se pueda saber lo que piensa una persona por su conducta no verbal, hay más factores a tener en cuenta. Sin embargo, el lenguaje corporal nos ayuda a entender cómo se siente, cuáles son sus intenciones y qué rasgos dominan su personalidad.
¿CUÁLES SON LOS GESTOS QUE
HABLAN DE TI EN UNA ENTREVISTA?
GESTOS
Cuando hablamos con una persona, gran parte de la información que nos transmite se produce en milésimas de segundo. Rápidamente nuestro subconsciente interpreta el lenguaje corporal, y así es como formamos nuestra opinión. No se trata de un sexto sentido, si no de la capacidad que tenga cada uno de reconocer y ser receptivo al lenguaje corporal.
En un discurso demostramos con nuestro comportamiento físico lo que no logramos decir con palabras. Es más, la mayoría de los gestos que acompañan un discurso son involuntarios e inconscientes, lo que hace que sean más fiables que las palabras.
Como con la comunicación verbal, tenemos que tener especial cuidado y ser muy precisos en la expresión de nuestro propio lenguaje corporal, y a su vez, ser flexibles en la interpretación de lenguaje ajeno, teniendo en cuenta los diversos factores intrínsecos y ambientales que pueden escapar de nuestra capacidad de percepción.
En un discurso demostramos con nuestro comportamiento físico lo que no logramos decir con palabras. Es más, la mayoría de los gestos que acompañan un discurso son involuntarios e inconscientes, lo que hace que sean más fiables que las palabras.
Como con la comunicación verbal, tenemos que tener especial cuidado y ser muy precisos en la expresión de nuestro propio lenguaje corporal, y a su vez, ser flexibles en la interpretación de lenguaje ajeno, teniendo en cuenta los diversos factores intrínsecos y ambientales que pueden escapar de nuestra capacidad de percepción.
