Las empresas de trabajo temporal (ETT) y la Administración Pública ya no son instituciones incompatibles entre sí. La legislación ha abierto un nuevo escenario en el que la sinergia entre las agencias de empleo y el sector público es posible. La temporalidad en el sector público ofrece por tanto nuevas oportunidades.

Este encaje es posible por la especial cualificación de las ETT a la hora de abordar las necesidades del empleador. Las empresas de trabajo temporal han demostrado solvencia para definir los perfiles y cualificación precisa para aquellas convocatorias de empleo público que ofrecen trabajo temporal.

Lo que nos dice el mercado:

Según el boletín “Previsiones del Mercado Laboral Asempleo-AFI” (2017) la tasa de temporalidad en el sector público no es tan baja de lo que, a priori, podría pensarse. Se sitúa en el 23% del total de asalariados públicos, mientras que en el sector privado asciende al 27%. La diferencia, por tanto, no es tan grande.

Además de ello, hay que tener en cuenta que la temporalidad dentro del sector público varía en función del tipo de administración, siendo la más alta la observada en las empresas públicas (29%), seguidas por las administraciones locales (26%). En tercer lugar, se encuentran las CCAA (9%), cuyo comportamiento se debe a las competencias cedidas a estas en cuestiones de sanidad y educación.

Funcionarios trabajando en ayuntamiento
En cuanto a las características del asalariado, es importante destacar que, según el mismo boletín, apenas existen diferencias significativas entre el trabajador temporal del sector privado y el del público. De hecho, este último tan solo difiere por tener una ligera superioridad en el número de mujeres, así como una menor proporción de jóvenes.
En las convocatorias de empleo público temporal uno de los mayores inconvenientes viene dado por la capacidad de la Administración para hallar los perfiles precisos para los puestos requeridos. Este proceso exige cierta especialización en la definición de perfiles idóneos y ahí es donde entra la capacidad de las ETT.

¿Esto se puede medir?

Los informes disponibles (2015) apuntan a que el 75% de los trabajadores que accedieron a un puesto de trabajo público temporal a través de una ETT tenían la cualificación precisa para el puesto. Esto no hace más que demostrar la eficiencia que estas entidades ofrecen a la Administración en los procesos de selección. En este sentido, una menor presencia de las ETT y Agencias de Empleo (AE) en la gestión de la temporalidad limitaría la posibilidad de ajustar mejor la formación y cualificación de los trabajadores a la vacante te empleo.

La cooperación entre ambos mundos, el del empleo público y el de las ETT, está recorriendo sus primeros pasos, y tampoco está exenta de críticas sobre su eficacia y fines últimos. Estamos ante un escenario que nos acerca a las reglas que rigen la temporalidad en el sector privado.

Según el boletín “Previsiones del Mercado Laboral Asempleo-AFI” (2017) la presencia de Agencias de Empleo y Empresas de Trabajo Temporal es todavía pequeña en el sector público, siendo su tasa de penetración del 0,15% del total de empleados en este sector y un 0,66% sobre el total de asalariados temporales en 2015. Sin embargo, estamos en proceso de acercarnos a la penetración observada de nuestros vecinos europeos, donde existe un mayor porcentaje de intermediación, especialmente en el caso de Reino Unido y Alemania, cuya presencia osciló entre el 2-5% en 2015.

La orientación es básica

Pero hay un escenario más en el que la colaboración entre los servicios públicos de empleo y las entidades privadas de empleo temporal como SeproTem resultan muy prometedoras. Es el papel orientador que las ETT son capaces de jugar en el mercado laboral a escala local, y cuyo conocimiento es muy valioso para los servicios de empleo.

Los profesionales de la gestión de recursos humanos, empresas que, por otro lado, cuentan con el aval de un seguimiento estricto por parte de la propia Administración, pueden ser muy útiles al propio sector público en su esfuerzo por estar a la altura de las expectativas de los demandantes de empleo.

Como es sabido, los tiempos y la eficacia de los servicios públicos de empleo, competencia de las comunidades autónomas, son notablemente mejorables. Su trabajo aún tiene margen de mejora al ofrecer opciones de empleo alternativo a aquellas personas que están en paro y se han inscrito en la Administración en la esperanza de obtener un nuevo empleo.

Como conclusión,  la Administración y las ETT han comenzado a recorrer una senda común repleta de oportunidades y campos aún por desarrollar. Es un buen momento para poner el acento en lo importante, el interés de los trabajadores, incluidos aquellos que ven una oportunidad en la temporalidad del sector público.